sábado, 7 de mayo de 2011

¿Ni siquiera a mama?



Un hombre joven, tocado ya de algunas canas, camina por las calles de una Barcelona atrapada bajo cielos de ceniza y un sol de vapor que se derrama sobre la Rambla de Santa Mónica como una guirnalda de cobre líquido.



Lleva de la mano a un muchacho de unos diez años, la mirada embriagada de misterio ante la promesa que su padre le ha hecho al alba, la promesa del Cementerio de los Libros Olvidados.


-Julián lo que vas a ver hoy no se lo puedes contar a nadie. A nadie.

-¿Ni siquiera a mamá?-inquiere el muchacho a media voz.

Su padre suspira, amparando en esa sonrisa triste que le persigue por la vida.

-Claro que sí- responde-. Con ella no tenemos secretos. A ella puedes contárselo todo.


Al poco, figuras de vapor, padre e hijo se confunden entre el gentío de las Ramblas, sus pasos para siempre perdidos en la sombra del viento.

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